lunes, 10 de junio de 2013

Breve Reseña

El célebre Templo del Sol del Qosqo fue y es en la práctica una síntesis de la organización, arquitectura y religión inkásica, que al momento de su construcción ya habían alcanzado la cúspide de su nivel; muy probablemente haya representado el centro del "Ombligo del Mundo" y por ende el centro del mundo, en la cosmovisión prehispánica andina.

De acuerdo a nuestra historia fue el primer Inka, Manko Qhapaq quien edificó el primigenio templo; pero fue el noveno, Pachakuteq quien a partir de 1438 reconstruyó, agrandó, mejoró y modernizó el más importante complejo religioso del extenso Inkario.

Existen ciertas discrepancias en cuanto al nombre original del complejo, y aunque éstas no son excluyentes causan una relativa confusión; con frecuencia en las crónicas y tratados de historia se encuentra el nombre de Intiwasi (inti: sol, wasi: casa) que significa "Casa del Sol"; también se usa el nombre de Intikancha que significaría "Palacio del Sol", esto considerando que casi todos los palacios inkásicos poseían el sustantivo "Kancha"; mientras que su denominación más popular es Qorikancha que significaría "Palacio de Oro" o "Palacio Dorado". María Rostworowski aduce que el Templo antiguo era conocido como "Intikancha" y después de Pachakuteq como "Qorikancha".

Todos los cronistas coinciden en manifestar que fue extraordinaria la calidad del edificio hecho con andesita basáltica de coloración grisácea proveniente de las canteras de Waqoto y Rumiqolqa; con el tipo de aparejo "Sedimentario" o "Inka Imperial" que es la máxima expresión de la arquitectura en la América pre-colombina. Los muros son de piedras entre medianas y grandes cuya superficie exterior es rectangular, y estructura horizontal rectilínea que en los más importantes templos no exhibe perfiles con pronunciada convexidad; con uniones o juntas pulidas entre piedras, tan perfectas que no permiten la introducción ni de "una hoja de afeitar". Tienen una estructura transversal "amarrada", es decir con llaves o grapas de bronce con forma de "H" en las uniones interiores que aseguraban las piezas líticas evitando desplazamientos horizontales dañinos en caso de movimientos sísmicos; con una estructura vertical decreciente, es decir con piedras de mayor volumen en la parte inferior que disminuyen de tamaño progresivamente hacia arriba.


Los muros tienen en la base mayor ancho que en el extremo superior; con su clásica inclinación hacia el interior (no existe una medida o regla general para tal inclinación) en armonía con la forma trapezoidal de sus puertas, ventanas y nichos; que además hace que las paredes se soporten entre sí mismas formando una estructura resistente, sólida, antisísmica, que fue capaz de resistir los dos grandes terremotos posteriores a la invasión española (1650 y 1950) que trajeron por tierra toda construcción colonial de "cal y canto". Hoy en algunos muros inkásicos del complejo se advierten algunas pocas grietas en ciertas paredes que no son producto del mal cálculo o técnica del arquitecto Inka, sino simplemente consecuencia de los cambios llevados a cabo en la colonia, los terremotos y sobre todo el intemperismo y erosión posterior a ellos. Según algunos estudios las paredes finamente labradas tenían una continuación de adobes en la parte superior formando hastiales con fuerte inclinación para facilitar el deslizamiento de las aguas pluviales en techumbres fabricadas a base de madera y recubiertas de "ichu" o paja brava, con aleros que sobresalían una "braza" de la pared (1.60 m. aprox.), techos cuyo aspecto modesto era remediado en los días festivos cuando eran cubiertos con vistosas mantas multicolores confeccionadas con plumería especial. Gasparini cree que la muy mencionada por los cronistas "cenefa de oro" que servía de corona circundando todo el contorno superior externo del templo servía además para disimular la diferencia entre el fino muro de piedra y el superior de adobe. El piso de los exteriores del Templo debió estar completa y finamente empedrado mientras que el piso interior de los recintos seguramente fue fabricado en arcilla quemada, a manera de un bloque cerámico sólido a semejanza de los pisos tratados encontrados en Machupicchu.

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